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viernes, 5 de agosto de 2011

El experimento se está poniendo complicado


Primero del ocho

Recibo mensaje de texto: “Noe: te extraño mucho y reclamo MI derecho a verte en los próximos tres meses. Atte., D”.
D es del grupo de amigos de toda la vida de L. Tanto a L como a D los conocí en un antiguo empleo. Ahí trabé amistad con D, y por él conocí a L años después, fuera del trabajo.
D y yo tenemos una amistad bastante histérica. A decir verdad, teníamos: D es histérico y yo sostuve la vela hasta donde pude. Está de novio desde que lo conozco y, después de muchas idas y vueltas, dejamos la histeria de lado. Ahora, si nos vemos y tenemos ganas, nos damos el gusto. Y todo ok.
A la mañana siguiente le mando mensaje a D: “¿cómo viene tu día?”.
Nos encontramos al mediodía en la estación Avellaneda, y de ahí nos fuimos a comer a unas hamacas que hay en el barrio de las torres frente a la estación. Compartimos un cogollo de su planta, nos tomamos una birra, vinimos para casa. Nos acostamos un rato antes de que tuviera que irse.
D: (después de que yo me atragantara con el humo) ¿Cómo venís del cáncer?
N: ¿tengo cáncer y no lo sabía?
D: Sí. Te quedan dos horas de vida
N: eso es una propuesta indecente…
D: ¿por qué?
N: porque si me quedaran dos horas de vida te estaría garchando
D: ah, sólo si te quedaran dos horas de vida, buenísimo
N: naaah, jajajaja!

…o sí. Qué sé yo. No tenía ganas de garchar, pero eso no significa que D no me genere deseo. Ante la urgencia del fin del mundo, claro, me garcho al primero que acepte, pero no es el caso de él. A él me lo hubiera garchado si hubiera tenido ganas. Sin urgencias. Y, claro, si no hubiera pensado que L es su amigo y que ellos son re tradicionales en el vínculo. Estoy al horno, lo sé.

Para colmo L está desaparecido. No llama, no contesta mails, no nada. Hasta hoy, cinco del ocho, que en respuesta a mi último mail: “¿se debe a algo en particular tu desaparición?”, me habla por msn diciéndome que él no está desaparecido. Tardaba en responder si le escribía algo. En un momento tipeo:
Ring…ring…
-¿hola?
-hola…estoy buscando la buena onda de L
-ah, para que me fijo a ver si está…

No responde. Me tuve que ir a trabajar. Cuando vuelvo, mi objetivo había sido alcanzado: “jajajajaja…qué tarada…” y un par de cositas más con buena onda. Pero parece que volví tarde, y la displicencia había ganado su lugar otra vez:

N: (…) recién llego de laburar, perdoná!
al raato
L: yo ya terminé, te dejo beso, chau.
-L aparece como desconectado-

¿me la está haciendo o no quiere saber más nada? Porque si no quiere saber más nada, yo no jodo más, amigos. Pero a veces presiento que este pibe está enojadito y no sé por qué.

Llegué a la conclusión de que mi curiosidad por L se sostiene simplemente por un deseo sexual. Me gusta su cuerpo, es bello. Y me sorprende que me movilice su belleza física, porque nunca ha sido un rasgo determinante para mí. (Aclaración: ni es Jude Law, ni tampoco antes estuve con escrachos (bueh…alguna vez…), pero de L es éste rasgo lo que me provoca deseo, y no otros).Y tenía ganas de conocerme en ese plano también, ¿no?. Supongo que no iba a alcanzarme. Supongo también que no será posible descubrirlo con él.


Anoche mi amiguísima yérman me dice que más allá de todo, está bueno que yo haya sido fiel a lo que quería. Y, amigos, yo siento lo mismo. ¿Soy tan jodida?.

jueves, 28 de julio de 2011

veinticuatro del siete

Domingo. Podía llamarme L ó G. El sábado decidí no dar prioridades: gana el que llama primero. Con L no había plan. Con G, fumarnos un porro y salir a dar vueltas por el barrio chino.
G reaparece en mi vida el viernes (minutos antes de que L llegue a casa) por Messenger. Lo conocí hace varios años, en una cena. G estudiaba locución y era fan de Radiohead. Porque sí, el viernes chateamos y le conté de este experimento, y quedamos que mejor juntarnos a hablar del amor y otras yerbas. Le prometí que no lo iba a incluir en la experiencia. Claramente le mentí. Aunque sospecho que así lo supuso.
Retomo: domingo. Aún en la cama cuando suena mi celular. G. Ok, yo lo prometí: sin vueltas, derechito al tren. Todo sea por la ciencia.
G me va a buscar a la boca del subte. ¿qué parte de mi memoria está tan averiada que yo recordaba otra cosa muy distinta?. Tomo aire, todo puede ser mejor. O peor, claro. Pero preferí relajar. Vamos a su departamento: G vive con un amigo. G y su amigo son increíblemente ordenados y pulcros. O al menos para mí. Hay algo que me pasa siempre: cuando llego a una casa y esa casa está desordenada, me relaja. Siento que mover algo no sería desbaratarle el mundo a nadie. Vamos al cuarto de G. Armo el porro, porque él dice ser horrible. Yo también soy bastante mala, pero tuve la percepción que pedirle que lo haga él era exponerlo demasiado. “ah, sos re jipi vos”, me dice. Lo miro. Sigo armando. Empezó a hablar de política: niño deglutido por el discurso de tolerancia de los chicos que dicen no ser pro, pero votan a Macri. Ya hacía más de diez minutos que me quería ir. Me llevo el porro a la boca para encenderlo. “¿ya lo vas a prender?”. Mi cara de asombro preguntaba qué íbamos a esperar. “no, es que la casa es libre de humo. Si querés primero tomamos un café y después vamos al balcón a fumar”. Ok. Estaba re tolerante, lo juro. Mientras me prepara el café me cuenta de todas las cosas que la marihuana le hace sentir. Se me ocurre preguntar a qué se debe que tenga tantos temores. Mientras se soplaba la nariz me dice: “y eso que no te conté nada. Creo que soy hipocondriaco”. Chucho de miedo no es lo que me generó, pero cerca. Necesitaba rajar. Era clave. Ni el porro me iba a salvar de esa. Amigo de G pone partido en televisión. Sunday bloody Sunday. Otra vez en el encerrado cuarto de G. Propongo salir a la calle. Accede no sin antes preguntar si algo me había hecho sentir mal. No podía responder que todo, claro; me limité a decirle que el relato dominguero de fútbol me hace doler la cabeza. Y eso también es cierto.
Paseábamos (¿paseábamos?) por el barrio chino. Y el universo hizo lo indicado:

G: …si ahora está lleno de gente, esperá a que salgan los que están en la cancha de river
N: ¿juega river hoy? Ufff, me voy YA. No me quiero cruzar con los hinchas en el viaje
G: no, pero no juega river, es uruguay /paraguay
N: no importa! El mundo del fútbol me desquicia!
Y así empiezo a caminar derechito hacia la estación Barrancas de Belgrano que me depositara en Retiro para seguir viaje a Bernal. Para volver. Para huir.

Retiro: subo al 22. Ya fue, yo lo llamo.

N: Hola, L
L: Hola… ¿cómo estás?
(necesito que ese hombre deje de mirarme y me de intimidad para poder aceptar este momento de rechazo en soledad)
N: Bien, ¿vos?
L:  Arruinado… recién me levanto (domingo, 17hs., aprox.)…te iba a llamar…
N: ah… no, yo te llamaba por ver si querías hacer algo… aunque imagino que no…
L: eeeh… no sé… ¿qué proponés?
N: No sé, yo estoy en Retiro ahora… ¿ir a tomar una cerveza?
L: ¿cerveza? Mmm…creo que paso
(loco, posta, dejá de mirarme porque la estoy pasando maaal!)
L: unos mates tal vez…
N: ah, ¿mates?
(sí, forro, la chica quiere birra el chico quiere mate, ¿y?)
L: quizá dentro de una hora esté apetente de birra, pero ahora…
N: bueno, pero entonces estás diciendo que venís para mi casa
L: Psee… estoy esperando que llame mi hija en realidad (que estaba de viaje con sus abuelos). No sé cuándo va a llamar…
N: Bueno, nada, vos avísame si venís, y listo. Yo todavía estoy camino a mi casa.
 L: dale, te llamo y te aviso
N: Listo, entonces. Beso, L.
L: chau, un beso.
(sí, me sacaron cagando, sorete. ¿podés dejar de mirarme ahora?)

Tres minutos de mirar la ventana tratando de esquivar la postura inquisidora de este extraño sujeto que no me daba intimidad. Suena mi teléfono. L. Que su hija seguramente lo llamaría tipo 8. Si no quería bajarme del bondi antes, cerca de su casa, e íbamos a dar una vuelta. Que sí, que eso era lo que yo proponía desde un principio, pero que evidentemente no había sido clara. Corto. Sonrío a mi público. Tomá, forro. Y sí, mirá qué bueno que está el que me espera cuando bajo del bondi.

No quería ver a L por despecho ante mi situación con G. Quería ver a L porque el viernes tuve un encuentro conmigo del tercer tipo estando con él. Me vi en él. Y necesitaba contarle, decírselo. Intimidades más íntimas que no puedo publicar, muchachos. Pero yo suelo rajar cuando pasan esas cosas. Suelo rajar cuando quedo expuesta. Yo sabía que había altas posibilidades de que L quisiera rajar también. Conozco a la perfección esa situación. Pero no quería que raje. Quería proponerle que juntos liberemos mierda. No pude. Tarde de plaza con perro incluido, hablando pavadas. Las pavadas me encantan pero no cuando tengo las palabras urgentes y la lengua amputada para esas palabras urgentes. Vuelvo a casa. No puedo dormir, tengo que decirle esto a L. Mail. Como corresponsal de la valentía me salen buenos mails.

El lunes L me responde: él no quiere comprometerse emocionalmente con nada que no le genere placer.

Me angustia mucho su respuesta, pero la acepto. Hasta lloré, como liberación de la tristeza que me produjo que no quiera avanzar. También que no quiera avanzar conmigo, pero más doloroso que no quiera avanzar. Si hay algo que tiene L que me conmueve es su deseo de crecer, de modificar. Pero no esta vez.  

Mi reflexión de hoy está puesta sobre el significado corrido que tiene la palabra compromiso y placer. Compromiso no es jugar a los novios. De hecho, no me siento cómoda ante esos jueguitos, me son confusos si no se sostienen desde un plano relajado. Mi búsqueda va por otro camino: el compromiso como cuidado, como ansia de ayudarnos en la tarea de convertirnos en personas más aptas para lo placentero. Y si para eso hay que atravesar un par de fantasmas, estoy dispuesta. Porque el placer es una enorme responsabilidad. Y mi mayor compromiso.

sábado, 23 de julio de 2011

veintidós del siete

Necesito librarme de los conceptos ajenos. Esto es: ser, a pesar de. Y no digo que no me importe una mierda lo que piense o le pase el que tengo al lado, sino todo lo contrario. Quiero ser amorosa sin necesidad de explicarme, o sin tener que estar pensando “no, no digas eso porque lo va a tomar para cualquier lado y no es lo que vos querés decir”. SÍ, ES LO QUE YO QUIERO DECIR. Charly canta: “cuando te quiero te digo que te quiero y no hay nada mejor”. Es eso. Nada más. No viene acompañado al amor una lista de obligaciones, ni trámites públicos ni un pito. Ahora, en este tiempo/espacio que nos convoca, te quiero; y quiero sentirme libre de amar.
Por supuesto, yo soy mi primer obstáculo.

Después de una separación tras 12 años en pareja, y con una hija en su vida,  L me dice que hoy quiere pasarla bien, sin mayores explicaciones. Yo siempre quiero pasarla bien. Creo que estar bien, sentirse bien, es una decisión y un compromiso que uno asume con uno mismo. Y sin eso estamos bastante fritos.

L vino ayer a cenar. Al llegar me saluda como si fuera mi noviecito. Me sorprende. Quizá hubiera preferido que continúe coherentemente con eso, y que apenas cierre la puerta nos comamos la boca como dos desaforados y que el hambre venga como consecuencia de un buen garche. Me pide que lo deje cocinar, que quiere que confíe en él con el plato que pensó para mí. Yo sé que la mayoría de las chicas van a pensar que es un divino, pero yo no estoy en esa estadística: ¿estamos juntos y vos me echás de la cocina para prepararme algo? Decime que eso se cocina en quince minutos…  No, eso iba a tardar horas, y por suerte él comprendió que era una picardía no poder, siquiera, charlar.
-¿querés que te ayude?
-no
Entonces me quedo mirando cómo hace, intuyendo algo que hoy recién entiendo: hubiera preferido que diga que sí, que en todo caso salga mal la cena como posibilidad más grave (¿cuán diferente puedo picar una cebolla?), pero estar haciendo juntos, ¿no?. Compartiendo, y no demostrando.

L me gusta, sí. Hay algo en su olor, en su presencia y en su deseo de crecer que me convoca. Y cuando estoy con él, sinceramente deseo que esté bien. Por lo demás, somos intensamente diferentes. Y si bien muchas veces eso resultó ser positivo, no deja de hacerme ruido.

Confieso que íntimamente creía que me estaba enamorando de L, y por eso la necesidad de abrir este experimento. Por ese ruido. Hoy siento que tengo que confiar más en mi intuición; algo no cierra acá: confío en  él, pero no sé si pueda sostener este tránsito romántico. Hoy voto por el amor real, y hay algo en L que me impide acercarme. Algo que somos él y yo. Hoy no quiero que la curiosidad mate al gato.